
La visión del cielo estrellado que sólo puede apreciarse en un planetario, constituye una experiencia enormemente enriquecedora, en particular para adolescentes y niños, que puede incluso llegar a transformarse en el factor desencadenante de muchas vocaciones científicas. La posibilidad de observar las estrellas en un planetario, estuvo siempre limitada por la necesidad de contar con estructuras fijas y voluminosas, que por sus costos de instalación y mantenimiento, sólo podían ser erigidas en las grandes ciudades y aprovechadas únicamente por su población. El constante desarrollo de la tecnología ha permitido superar esos condicionamientos y actualmente es posible acceder a los denominados “planetarios móviles”, estructuras sensiblemente más pequeñas, transportables, y cuyos costos, sustancialmente inferiores a los costos que insumen los planetarios fijos, permiten a todos los estudiantes, cualquiera sea su lugar de residencia, poder disfrutar de un espectáculo por demás ameno, de estricto rigor científico, y gran jerarquía. En la Argentina existen algunos planetarios fijos de distinta envergadura y se encuentran en la ciudad de Buenos Aires, Rosario, San Luis y Malargüe (anexo al Observatorio Pierre Auger). Sería importante agregar que las posibilidades que ofrece Internet en casi todos los aspectos de la vida cotidiana, y muy especialmente en el ámbito educativo, no constituyen un sustituto de la experiencia dentro de un planetario sino que por el contrario son un complemento, debido a que el aprendizaje se nutre tanto de estas experiencias como del uso de otras herramientas tecnológicas. En este caso en particular, la experiencia del planetario es una combinación única en cuanto se participa y se interactúa físicamente, efectos y sensaciones que una pantalla plana no puede transmitir. En efecto, Internet es una manera operativamente distinta de acceder al conocimiento, mucho más amplia y veloz que las formas convencionales, y un eficaz complemento en la formación de los estudiantes. Sin embargo, no se pueden captar a través de una computadora las particulares vivencias que las mentes jóvenes experimentan en el interior de la bóveda de un planetario, por cuanto es la conjunción de formas, colores y sonido, juntamente con las explicaciones que las acompañan, las que recrean el ambiente de sorpresa y entusiasmo que facilita el aprendizaje.